Cuando el cielo se llevó todo: el recuerdo de la tarde que cambió el alma de San Justo para siempre

Aquel miércoles de 1973, dos minutos de furia transformaron nuestra siesta en una tragedia sin precedentes. Hoy, San Justo Diario rinde homenaje a las víctimas y abraza la memoria de los sobrevivientes que, entre el dolor y la esperanza, reconstruyeron nuestra ciudad.

LOCALES

1/10/20263 min read

Hay fechas que quedan grabadas en el ADN de un pueblo, y para San Justo, el 10 de enero de 1973 es la herida que nunca termina de cerrar. Eran pasadas las dos de la tarde de un miércoles de calor agobiante, típico de nuestra zona. Nadie imaginaba que, en cuestión de minutos, nuestra ciudad entraría en los libros de meteorología mundial por la razón más dolorosa: ser el epicentro del único tornado categoría F5 registrado en toda Sudamérica.

El preludio del horror: una siesta interrumpida

La jornada había comenzado con una humedad sofocante que superaba el 90%. Alrededor de las 14:15, el cielo tomó un color púrpura, casi negro, que presagiaba una tormenta fuerte, pero nada comparable con lo que vendría. En la zona de las vías del Ferrocarril Belgrano, los vecinos notaron que los pájaros enmudecieron y el aire se volvió pesado, difícil de respirar.

De repente, un ruido ensordecedor, descrito por los sobrevivientes como "el motor de mil aviones", anunció la llegada del embudo. El tornado entró por el sector noroeste, atravesó el Boulevard Roque Sáenz Peña y avanzó en línea recta, succionando todo a su paso en un ancho de 300 metros.

"Estuve sepultada viva": El testimonio de la supervivencia

Uno de los relatos más impactantes que perdura en el tiempo es el de quienes quedaron atrapados bajo los restos de sus propios hogares. “Sentí que la casa se inflaba y luego explotaba”, recuerda uno de los sobrevivientes que hoy, con más de 80 años, aún se estremece al escuchar el viento fuerte.

Muchos vecinos pasaron horas en una oscuridad absoluta, aplastados por toneladas de ladrillos, respirando polvo y escuchando los gritos de auxilio de sus familiares. La fuerza del viento era tal que no solo derribaba paredes; literalmente arrancaba los árboles de raíz y los lanzaba como proyectiles. Las comunicaciones se cortaron al instante, dejando a San Justo aislada del mundo mientras sus calles se transformaban en un escenario de guerra.

La ciencia detrás de la tragedia: El "Dedo de Dios"

El fenómeno fue tan inusual que atrajo la atención internacional. El Dr. Tetsuya Fujita, el mayor experto mundial en tornados, viajó personalmente a San Justo para inspeccionar los daños. Lo que encontró lo dejó atónito:

  • Vientos de más de 400 km/h: La potencia fue tal que un auto fue encontrado incrustado en la copa de un árbol a cientos de metros de su lugar original.

  • El efecto vacío: Se registraron casos donde la succión fue tan fuerte que extrajo el agua de los pozos y lagunas cercanas, dejando peces esparcidos por el asfalto.

  • Maquinaria agrícola voladora: Tractores y cosechadoras, de varias toneladas de peso, fueron desplazados como si fueran juguetes de plástico.

El saldo de la furia

Cuando el silencio volvió a San Justo apenas dos minutos después, la imagen era desoladora. El sector norte había desaparecido. Las cifras oficiales, que con el tiempo se fueron ajustando, hablan de más de 60 muertos inmediatos y cientos de heridos, muchos de los cuales fallecieron días después en Santa Fe debido a las graves lesiones. Más de 500 viviendas quedaron reducidas a escombros, dejando a miles de sanjustinos en la calle.

La solidaridad: el motor de la reconstrucción

En medio del desastre, emergió lo mejor de nuestra comunidad. El hospital local se vio desbordado, y las escuelas y el club social se convirtieron en centros de emergencia. Los vecinos que habían resultado ilesos no dudaron en usar sus propias manos para remover los escombros, trabajando durante toda la noche bajo la luz de linternas y hogueras.

La ayuda llegó desde toda la provincia y el país, pero fue el coraje de los propios sanjustinos lo que permitió que la ciudad se pusiera de pie. Aquel barrio que fue borrado del mapa fue reconstruido ladrillo por ladrillo, aunque la cicatriz en el alma de sus habitantes permanece intacta.

Un legado de respeto

Hoy, caminar por el Boulevard Roque Sáenz Peña es un ejercicio de memoria. San Justo es, para la ciencia, el lugar donde ocurrió el tornado más violento del hemisferio sur. Para nosotros, es el lugar donde demostramos que no hay viento, por más fuerte que sea, que pueda quebrar la voluntad de un pueblo unido.

A 53 años, San Justo Diario recuerda a las víctimas y rinde homenaje a quienes, con sus manos y sus lágrimas, volvieron a levantar nuestra casa común.

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